MILENIO MAGYAR

En los umbrales del año 2000


            El mundo entero se prepara para la llegada de un nuevo milenio. La Humanidad se encuentra en los umbrales del bimilenario del Cristianismo. De esta manera, el año 2000 será para Hungría un aniversario doble, porque el Estado húngaro también cumplirá mil años de edad, cuyos festejos  se han denominado el Milenio Magyar.

             István (Esteban), el primer rey de los húngaros establecidos en Europa Central tras el secular proceso de migración, fue canonizado el 20 de agosto de 1083 y coronado en la Navidad del año 1000 con la corona enviada por el Papa Silvestre II. Desde aquel entonces, dicha corona es el símbolo del Estado húngaro ligado a la Europa cristiana, y también constituye un elemento heráldico del escudo de la nueva y democrática República de Hungría, proclamada en 1989.

             La denominación Milenio Magyar alude al carácter húngaro del aniversario, mientras que su abreviatura -MM-, en números romanos significa al mismo tiempo el año 2000,  que en cierta forma rinde homenaje a los antiguos habitantes de Pannonia, provincia del Imperio Romano que durante varios siglos floreció en la Cuenca de los Cárpatos. Para los húngaros, la abreviatura MM encierra un significado adicional: en la vida del país este es el segundo milenio, ya que en el año 1896 se realizaron grandiosos festejos del mil aniversario de la Conquista de la Patria. En aquel entonces se conmemoró en todo el país el hecho mismo de la llegada a Europa, mientras que la presente serie de festejos milenarios versa acerca de la voluntad firme y común de los fundadores del Estado y de sus sucesores de hoy: de establecer estrechos lazos con Europa. Por ello el logotipo del Milenio Magyar hace alusión tanto a los mil años del Estado húngaro como al carácter europeo de los húngaros y a la idea de la integración europea.

             El país se prepara para festejar el Milenio Magyar con programas tanto dentro del país como en el extranjero, por medio de esfuerzos hechos por la conservación y renovación del legado nacional. Las festividades en parte es una retrospectiva, donde se conmemoran todos aquellos valores intelectuales y culturales húngaros que en los siglos pasados enriquecieron la esfera cultural europea. Los actos conmemorativos también brindan la ocasión para presentar el rendimiento de la Hungría actual.

             El rey Esteban, fundador del Estado, confió en que su pueblo echaría raíces en la zona ubicada entre los ríos Danubio y Tisza y fue consciente de que la incorporación del país en la civilización cristiana europea era una exigencia inevitable de la época. Al cabo de un milenio, el objetivo de la democracia húngara en nuestros días es que Hungría atraviese los umbrales del tercer milenio como miembro de iguales derechos de las organizaciones de  integración europea.

 

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            Un siglo después de la Conquista de la Patria, el príncipe Géza (940-997), bisnieto del príncipe Árpád (850-907) que dirigió la conquista del solar patrio, el asentamiento en la Cuenca de los Cárpatos de las tribus húngaras nómadas y paganas llegadas del Este, -al cabo de un período breve, visto desde la perspectiva histórica-, llegó a la conclusión de que la única forma para que su pueblo pudiese sobrevivir era que se adaptara al mundo circundante y  modificara en lo fundamental su forma de vida.

 

            En las décadas inmediatamente anteriores, las tribus húngaras continuaban con su modo de vida propio de las estepas, mientras que, para complementar sus ingresos, iniciaron campañas de pillajes a los países occidentales y meridionales del continente. El golpe decisivo para poner fin a las correrías de saqueo lo dio Otón I (912-973), el monarca alemán de mano de hierro, fundador del Sacro Imperio Romano-Germánico, al afligir a los húngaros aventureros una grave derrota junto a Augsburgo, en el a¤o 955.

 

            El príncipe Géza, para utilizar un término propio de nuestros días, era un político realista. Vio que la consolidación de los países vecinos occidentales de Europa podía causar la desaparición de los húngaros flojamente organizados. Fue él quien promovió e inició el "cambio de sistema" de los húngaros antes de terminar el primer milenio. Se esforzó más que los príncipes que le precedieron por edificar el poder central, a la vez que intentó fortalecer las relaciones exteriores de su corte. Tuvo presente que solamente abrazando el cristianismo podía garantizar la independencia de su país. A petición de Géza, en el a¤o 972 Otón I envió a frailes misionarios a Hungría. El príncipe se hizo bautizar y obligó a los integrantes de su corte a obrar de igual manera, aunque él mismo fue incapaz de librarse totalmente de sus creencias y costumbres paganas hasta el día de su muerte.

 

            En el año 973, Géza envió una comitiva de alto rango a la asamblea imperial alemana de Quedlinburgo. A esa fecha se remontan los inicios de la adaptación de Hungría a la Europa cristiana.

 

            La sabiduría de Géza se demostró en el hecho de haber reconocido que la cristiandad, la fe cristiana y la organización eclesiástica eran una fuerza capaz de formar comunidades y que al mismo tiempo podían convertirse en pilares fiables de su propio poder. En ese período de transición, cuando se desarrollaba la lucha entre la ideología antigua y la nueva, entre las creencias paganas y la fe cristiana, el príncipe, a pesar de sus dudas internas, se comprometió inequívocamente con la nueva idea.

 

            Esto se tradujo en numerosas manifestaciones. Por ejemplo, recibió en su corte al prestigioso obispo de Praga Adalberto (956-997), asesinado luego por paganos prusianos, y cuyo culto jugó un papel importante en la conversión de los húngaros. En los tiempos de Géza se comenzó la construcción en Pannonhalma del primer monasterio benedictino de Hungría, bautizado con el nombre de San Martín de Tours (316-397).

 

            Géza educó a su hijo Vajk (975-1038), nacido como pagano y bautizado después en la fe cristiana con el nombre de István (Esteban), para que sacara adelante la política iniciada por él. Para ello le creó condiciones adecuadas: pidió para su hijo la mano de Gizella (Gisela), hermana del rey bávaro Enrique II (973-1024), y por medio de ello también afianzó la paz con Alemania.

 

            Esteban resultó ser un monarca decidido y de mano dura. Antes que todo, consolidó su poder político y económico interno. En guerras internas venció y aniquiló físicamente, uno tras otro, a sus rivales que se manifestaban abiertamente contra su poder o lo ponían en tela de juicio, no importándole si pertenecían a otras tribus o si eran sus parientes cercanos.

 

            En la Navidad del año 1000 sucedió un acontecimiento de importancia crucial en la vida de Esteban y en la historia de Hungría: Esteban fue coronado rey con la corona recibida del Papa de Roma Silvestre II. Este acto encerraba múltiples símbolos. Por un lado, señalaba que de Se¤or de las tribus paganas pasó a ser un monarca europeo, incluso reconocido por la Iglesia, que profesaba la fe cristiana. El suelo del país a su vez se convirtió en la tierra de un país cristiano y soberano, y Hungría desde entonces ya pudo incorporarse orgánicamente a la comunidad de los Estados europeos.

 

            A partir de la coronación del rey Esteban I calculamos los comienzos del Estado húngaro, cuyo 1000 aniversario se conmemorará con toda una serie de grandiosos eventos en Hungría.

 

            Esteban I concentró su consciente construcción del país en la organización del Estado, en la organización del sistema de las provincias reales y en levantar la estructura eclesiástica. Creó diez diócesis, a la cabeza de las cuales había un arzobispo u obispo. Se construyeron iglesias una tras otra. El rey donó predios a la Iglesia, para asegurarle un trasfondo económico adecuado para su funcionamiento. Da testimonio de la constancia de la obra del primer rey húngaro el que las provincias -aunque naturalmente hayan sufrido cambios a lo largo de los siglos- son hasta hoy en día las bases de la administración pública. Los latifundios eclesiásticos subsistieron hasta el reparto de tierras del año 1945.

 

            El rey Esteban se preocupó sobremanera de las órdenes religiosas, porque los doctrineros de la nueva religión divulgaban e introducían al mismo tiempo los modernos conocimientos agrícolas e industriales occidentales. No era menos importante que los monasterios también funcionaban como talleres de la literatura escrita, de las ciencias y las artes, o sea, de la cultura en general.

 

            La práctica de administración pública de modelo occidental también se manifestó en la actividad legisladora del rey. Durante el reinado de Esteban se publicaron dos códigos. Estos contenían 56 artículos y, en armonía con las leyes de otros Estados europeos, tenían por objetivo consolidar el orden público y proteger el reino y la Iglesia.

 

            En la era de San Esteban, en la Cuenca de los Cárpatos vivía aproximadamente un millón de húngaros. La sociedad estaba dividida entre personas libres y servidores. Entre la situación de ambas clases había una diferencia muy grande, desde abajo era prácticamente imposible medrar y  llegar a formar parte de los libres.

 

            Al mismo tiempo, la Hungría del rey Esteban tenía una característica muy notable: la disposición a acoger a los extranjeros. Ya se ha mencionado el respeto que se manifestó hacia los frailes. Las Lecciones, enseñanza escrita que Esteban I dejó a su hijo, el príncipe Imre (Emerico) (1007-1031), indica muy bien la forma de pensar ilustrada y moderna del monarca. El rey instruyó a su hijo en las virtudes monárquicas conformes a la moral cristiana. Constituyó parte de ello el respeto hacia los forasteros y la asimilación de sus conocimientos, ya que todo ello servía para el bien del país.

 

            El rey Esteban, aún como hijo del príncipe pagano conoció el principio de que un soberano, mientras más pueblos distintos tenía sometidos bajo su poder, tanto más rico era. El reinado de Esteban I y de sus sucesores se caracterizó por una tolerancia étnica desconocida en la Europa Occidental de aquellos tiempos. Por ello los súbditos de los pueblos más distintos venían con gusto a Hungría para establecerse en las regiones despobladas. De esta manera, en los sucesivos siglos del nuevo milenio encontraron aquí una nueva patria sajones, italianos, valones, al igual que los pechenegos, los cumanos y los jász, que llegaron desde el este con las olas tardías de la migración de los pueblos.

 

            Esteban I era un soberano fuerte y excelente estratega. No tenemos registros de que hubiese perdido alguna de las numerosas batallas que libró. Su principal hazaña consistió en haber obligado a batirse en retirada al ejército del emperador romanogermánico Conrado II (990-1039) en la primavera de 1031, defendiendo de esta forma la independencia del joven Estado húngaro.

 

            El hijo de Esteban I no pudo suceder a su padre en el trono, porque aún muy joven, el príncipe Emerico murió en un accidente de caza. Tras la muerte del rey Esteban, fundador del Estado, pugnas internas y ataques hostiles provenientes desde fuera sacudieron a Hungría. Se inició la lucha por el trono. Es ilustrativo de las discordias desencadenadas por el poder, que en el transcurso de las cuatro décadas posteriores a la muerte de Esteban el país tuvo siete reyes, y tan sólo dos de ellos fallecieron como monarcas, de muerte natural.

 

            El emperador alemán Enrique III (1017-1056) intervino en las pugnas relativas a la sucesión, apoyando con las armas a su propio candidato. Atacó el país en varias ocasiones con poderosos ejércitos, pero sus intentos colonizadores fracasaron debido a la resistencia mostrada por los húngaros. Paralelamente a ello, los defensores de las creencias paganas también entraron en batalla para restablecer el antiguo orden. Destruyeron templos y mataron a sacerdotes, porque sentían que la razón de su opresión era el avance del cristianismo. Asesinaron al obispo Gellért (Gerardo) (980-1046), quien había sido el instructor y maestro del príncipe Emerico.

 

            Las discordias en torno al trono, los ataques alemanes y las sublevaciones paganas amenazaban con la disolución del Estado húngaro. Finalmente se logró superar la crítica situación, las sublevaciones paganas fueron derrotadas. Los ataques alemanes cesaron, debido principalmente a que la lucha por el poder desatada entre el emperador y el Papa, mantuvo ocupada la fuerza militar de los alemanes. En los decenios siguientes dirigieron el país monarcas con mano de hierro: San László (Ladislao) (1040-1095) y Kálmán (Colemán) Könyves (llamado "Colemán el Bibliófilo"). Fue gracias a ellos que después de ese agitado período de cuatro décadas pudo fortalecerse el nuevo orden, el joven Estado feudal húngaro.

 

            La principal obra de San Ladislao fue la consolidación del orden social. Con sus leyes también reforzó la Iglesia, obligó al pueblo a reconstruir los templos e ir a misa. Por iniciativa de él canonizaron en 1083 al rey Esteban I, a su hijo, el príncipe Emerico y a Gerardo el obispo mártir, quienes de esta manera fueron los primeros tres santos de los húngaros.

 

            Colemán, el Bibliófilo conquistó nuevos territorios, con lo cual Hungría se extendió hacia el sur. En su actividad jugó un papel importante el desarrollo de la cultura;  incluso él mismo se distinguió entre sus coetáneos por su erudición.

 

            San Esteban había sido el mayor terrateniente del país, pero en el siglo XIII la cantidad de feudos reales se redujo sustancialmente, debido a las discordias en torno a la sucesión y a las continuas guerras. Los reyes premiaban a sus partidarios con grandes latifundios. A causa de  ello, paralelamente a la disminución de los dominios reales, el poder de los soberanos se reducía cada vez más, mientras que el de los grandes señores aumentaba. En aquellos tiempos provincias enteras pasaron a manos privadas.

 

            Los señores feudales, dueños de enormes posesiones, aspiraban a someter también a los pequeños propietarios libres que vivían en el territorio de las ex-provincias reales. Los pequeños propietarios, que se autodenominaban servidores del rey, sirvientes, iniciaron una lucha en defensa de sus bienes y su libertad. En 1222 obligaron a András (Andrés) II (1175-1235) a firmar la Carta titulada Bula de Oro. Dicho documento les garantizaba derechos de nobles. El capítulo dedicado al derecho de resistencia sirvió los intereses de toda la clase propietaria, al manifestar que si el rey violaba las estipulaciones contenidas en la bula, los nobles podían oponerle resistencia sin ser acusados de deslealtad.

 

            Podemos decir que la Bula de Oro desempeñó en la historia de Hungría la misma tarea que la Magna Charta Libertatum de 1215 en Inglaterra.

 

            Béla IV (1206-1270) sucedió a su padre, Andrés II en el trono. Fijó como objetivo la consolidación del prestigio real y la recuperación de los dominios mermados. La realización de su plan fue impedido por las huestes mongolas, capitaneadas por Batú kán (12O5-1255), que en 1241  cruzaron los Cárpatos y  atacaron Hungría desde tres direcciones. En vano el rey Béla IV llamó a los señores a las armas, pocos de ellos engrosaron las filas de sus tropas. El ejército húngaro sufrió una derrota catastrófica en el campo de Muhi, incluso el rey se salvó tras grandes dificultades. Los mongoles devastaron el país sin encontrar resistencia, arrasaron con las aldeas, aniquilaron a la población, dejando regiones enteras completamente desiertas.

 

            Después de la retirada de los mongoles, Béla IV emprendió la reconstrucción del país. Llamó a colonos extranjeros para repoblar las comarcas desoladas, fortaleció la defensa del país y mandó erigir toda una serie de castillos de piedra. Durante su reinado se convirtió el Castillo de Buda en el centro de todo el país.

 

            A fines del siglo XIII, el poder de los grandes terratenientes volvió a incrementarse. Algunos grandes señores prácticamente disponían de pleno poder real en sus propias tierras. A raíz de las discordias internas, estalló la anarquía feudal. Ello se vio agravado por el hecho de que en 1301, a la muerte de Andrés III (1265-1301), se extinguió la dinastía real de la casa de Árpád, y el poder prácticamente llegó a parar a manos de barones.

 

            El fortalecimiento del país descompuesto y del poder regio, así como la consolidación de la economía fue obra de los reyes de la casa de Anjou, Károly Róbert (Carlos Roberto) (1288-1342) y Lajos (Luis) I (1326-1382). Con la ayuda de la peque¤a nobleza y de la iglesia, Carlos Roberto, en una lucha que duró casi un cuarto de siglo, finalmente venció a los barones y restableció la unidad de Hungría, colocando sobre nuevas bases las finanzas del Estado. Según el modelo de Florencia, mandó acuñar florines de oro que fueron aceptados en toda Europa. Este dinero, de valor duradero, atrajo a los comerciantes extranjeros, y el comercio cada vez más animado incrementó los ingresos reales.

 

            Carlos Roberto también realizó una obra importante en el terreno de la política exterior. En 1335 invitó a Visegrád a los reyes Juan de Luxemburgo (1296-1346) de Bohemia y Casimiro III el Grande (1310-1370), de Polonia, desavenidos el uno con el otro, y les ayudó a arreglar sus litigios limítrofes. En dicho encuentro también se concluyó un convenio comercial importante para las tres partes.

 

            Luis I, hijo de Carlos Roberto, siguió a su padre en el trono y alcanzó  logros en la consolidación del orden feudal. Durante su reinado libró varias guerras, con resultados alternos. Con sus reformas sirvió los intereses de la peque¤a nobleza  y en 1351 renovó la Bula de Oro. Sus disposiciones encaminadas a la defensa de los feudos de la nobleza estuvieron vigentes nada menos que hasta 1848.

 

            Después de la muerte de Luis I, el poder de la alta nobleza se incrementó en gran medida. Durante el reinado de Luxemburgi Zsigmond (Segismundo de Luxemburgo) (1368-1437) los barones formaron alianzas entre sí, se distribuyeron las altas dignidades nacionales y entre tanto se organizaron en estamentos. A mediados del siglo XV se configuró en Hungría la forma desarrollada del estado feudal: la monarquía estamental. A partir de entonces, las leyes fueron aprobadas en la asamblea nacional de los estamentos. Los altos prelados y los barones, la peque¤a nobleza, así como los delegados de las ciudades formaron cada cual un estamento.

 

            En el siglo XV un temible enemigo amenazaba las fronteras del sur de Hungría. Después de la invasión de los Balcanes, el imperio turco-otomano se fijó la meta de anexionar toda Europa. El inminente peligro turco hubiera requerido la unión de las fuerzas y el fortalecimiento del poder central. No obstante, los barones no se preocuparon de la defensa del país, porque estaban ocupados con sus propias luchas por el poder. Después de la muerte del sucesor de Segismundo, Alberto de Habsburgo (1397-1439), ni siquiera lograron ponerse de acuerdo en cuanto a la persona del próximo rey.

 

            En esta crítica situación se colocó en el centro de la atención y se puso al frente de las batallas contra los turcos Juan Hunyadi (1407-1456), una de las figuras más brillantes de nuestra historia. Ya en su juventud participó en las luchas contra los turcos, formando parte del ejército de Segismundo, combatió en Italia y también luchó contra los husitas checos. Llegó a conocer todas las tácticas de lucha aplicadas en su época, y después, ya como estratega, las empleó de manera excelente y eficaz. Ascendió rápidamente en su carrera militar, desempeñó altas dignidades estatales y adquirió enormes predios. Utilizó sus bienes y su poder para la defensa del país y en la guerra contra los turcos. Con parte de su renta contrató mercenarios y en el otoño de 1443 expulsó las tropas turcas del territorio de Hungría, es más, incluso liberó Sofía.

 

            El sultán Mahoma II (1432-1481) lanzó el segundo gran ataque contra Hungría en 1456. Sus tropas contaban 120 mil soldados. Con 300 ca¤ones y catapultas sitió Nándorfehérvár (Belgrado), el castillo más fuerte de la frontera sur del país. Hunyadi logró entrar con parte de su tropa al castillo, dirigiendo él mismo la defensa del fuerte. El  pueblo, que en un encarnizado combate defendía su patria, encabezado por Hunyadi, conquistó una gloriosa victoria, cuya fama recorrió el mundo entero. El sultán se retiró y los turcos casi durante un siglo no se atrevieron a repetir un ataque similar a Hungría.

 

            Juan Hunyadi reconoció que la supervivencia y el desarrollo posterior de nuestro país dependía de si lograba unir a las fuerzas del país y fortalecer el poder central. El cumplimiento de esta tarea le tocó a su hijo, Mátyás (Matías) Hunyadi (1443-1490), quien subió al trono de Hungría tras la muerte de Ladislao V (1440-1457). Matías edificó un fuerte poder centralizado. Constituyeron la base de ello la agricultura creciente, la producción industrial y la vida urbana en desarrollo. El rey fomentó la mudanza de los siervos a las ciudades. A consecuencia del desarrollo económico, el número de habitantes aumentó considerablemente, alcanzando entre los tres millones y medio a cuatro millones. En aquella época Inglaterra tenía una población de número aproximadamente igual.

 

            Matías reformó la estructura de la organización estatal. El ejército mercenario, considerado el más moderno de Europa, constituía un pilar sólido del poder real. El rey quiso formar un fuerte imperio centroeuropeo, uniendo las coronas húngara, checa y la corona imperial romanogermánica. A pesar de haber ocupado importantes territorios de los reinos vecinos, su muerte prematura impidió que sus planes se hicieran realidad.

 

            Después de la muerte de Matías, durante el reinado de Wladislao II (1456-1516), monarca débil, los barones nuevamente tomaron en sus manos la dirección del país. Eliminaron los logros de la política centralizadora, no se preocuparon de la paga de los mercenarios y en el país reinaban condiciones anárquicas. La alta y la peque¤a nobleza luchaban entre sí por el poder. No tomaron en serio el peligro turco que de nuevo amenazaba en los confines meridionales. A consecuencia de las crecientes cargas y de las devastaciones bélicas, muchos siervos se arruinaron.

 

            La desesperación de la servidumbre se intensificó al máximo, lo cual desembocó en una sublevación campesina en 1514. El paladín sécler György Dózsa (1470-1514) se puso a la cabeza de las tropas campesinas. Por un lado estaban los siervos húngaros, serbios, ucranios y rumanos, el campesinado de las villas, el pueblo pobre de las ciudades y el clero inferio, mientras que en el otro bando estaba la nobleza y los integrantes de la prelatura. La superioridad de fuerzas de las tropas bien pertrechadas de la aristocracia y la peque¤a nobleza  venció las tropas campesinas. Después del aplastamiento de la sublevación campesina, se inició una cruenta represión.

 

            En el verano de 1526, el sultán Solimán II (1494-1566) emprendió su campaña para ocupar Hungría. Al llamado de Lajos (Luis) II (1506-1526), se reunió un ejército de apenas 25 mil personas. En vano recorrían Europa los embajadores del rey, solicitando ayuda. La batalla se llevó a cabo al lado de Mohács, el 29 de agosto de 1526. El ejército turco, de 80 mil efectivos, infligió a los húngaros una derrota aniquiladora. 15 mil víctimas húngaras quedaron en el campo de batalla, entre ellos numerosos barones y obispos, incluso perdió la vida el rey mientras trataba de huir. La derrota de Mohács significó la caída del estado medieval húngaro.

 

            Después de Mohács, Hungría se dividió en tres partes. Los turcos ocuparon Buda en 1541. Una tercera parte del territorio del país quedó bajo el dominio de los Habsburgo. Dicha parte desempeñó el papel de baluarte de las provincias austríacas sempiternas. En el Este, el principado autónomo de Transilvania reconoció la soberanía del sultán, pero en su política interior gozaba de una relativa independencia. Por esta razón, Transilvania pudo ser durante el siglo y medio que duró la ocupación turca, el refugio de la independencia y de la cultura húngaras.

 

            Los territorios centrales del país fueron invadidos por el ejército turco, el número de sus habitantes quedó reducido a una fracción de la población antigua. El lugar de las tierras labradas antaño fue ocupado por estepas cubiertas de hierba, zonas pantanosas y ciénagas. La ganadería extensiva reemplazó la actividad agraria. La vida era soportable únicamente en los dominios del sultán, en las grandes ciudades campesinas de la Gran Llanura.

 

            En el siglo XVI la cuestión principal era la lucha contra el turco. Los castillos fronterizos contuvieron heroicamente la expansión de los turcos. No obstante, en el siglo XVII las fuerzas políticas húngaras también tuvieron que manifestarse en contra de la centralización de los Habsburgo. Dos destacados príncipes de Transilvania, István Bocskai (1557-1606) y Gábor Bethlen (1580-1629) encabezaron dichas luchas.

 

            Después de la caída de Transilvania, en la segunda mitad del siglo XVII se puso en primer plano la cuestión de la expulsión de los turcos y de la reunificación del país. Miklós Zrínyi (1620-1664), destacado político y estratega de su época, se manifestó a favor de la organización de un ejército nacional compuesto de campesinos y nobles, con el fin de expulsar a los invasores turcos del país. El objetivo de Zrínyi era la creación del estado húngaro independiente, de un "reino nacional". Su muerte prematura, consecuencia de un accidente de caza, le impidieron hacer realidad sus planes.

 

            El ataque de los turcos contra Viena dio por resultado la formación de la Santa Liga (1684). La unión de fuerzas mejoró las perspectivas de éxito de la guerra librada contra ellos. Las tropas aliadas liberaron el país del dominio turco. En 1686 los turcos fueron expulsados de Buda, esta fecha indica el fin de la ocupación turca.

 

            Sin embargo, tras su liberación Hungría tampoco se convirtió en un Estado independiente. La dinastía Habsburgo tomó el país bajo su dirección y llevó a cabo un ataque de fuerza nunca vista contra la independencia húngara estamental. Constituyó la base de las aspiraciones absolutistas de la corte vienesa el hecho de que las tropas imperiales hayan jugado un rol decisivo en la expulsión de los turcos. Viena logró arrancar a la asamblea nacional que los húngaros renunciaran a los derechos de la elección libre del rey y del enfrentamiento con el rey.

 

            El descontento de la población húngara se intensificó debido a que los monarcas Habsburgo establecieron impuestos de guerra desmesurados. El autoritarismo imperial se manifestó en numerosos aspectos de la vida. La política de la corte de Viena, la invasión militar y la explotación inhumana de los siervos enfrentó al país entero contra los Habsburgo. Ferenc (Francisco) Rákóczi II (1676-1735), descendiente de los príncipes de Transilvania, se puso a la cabeza del movimiento de resistencia. El objetivo de la lucha de independencia (1703-1711) que se desencadenó fue el de lograr una Hungría independiente.

 

            Francisco Rákóczi II implantó reformas sociales y desarrolló una política de culto tolerante en los territorios sujetos a su autoridad. Aunque la lucha de independencia sucumbió debido a los antagonismos internos, a las dificultades económicas y por no haber recibido ayuda externa, Hungría no quedó desplazada a la categoría de provincia. Los líderes de la lucha de independencia se vieron obligados a exiliarse, pero la sublevación armada que duró largos años indujo a los Habsburgo a aliviar la rigidez de su régimen de opresión. Viena garantizó mediante leyes la independencia constitucional de Hungría y restableció una parte de los privilegios de la nobleza.

 

            A raíz de la coyuntura agrícola que se observó desde mediados del siglo XVIII, las capas dirigentes húngaras quedaron satisfechas hasta tal punto, que en defensa del imperio prestaron ayuda a María Teresa (1717-1780) en la guerra de sucesión austríaca (1740-1748). La emperatriz y su hijo, José II (1741-1790) eran representantes del absolutismo ilustrado europeo. Esto significaba que deseaban hacer realidad ciertas reivindicaciones de la ilustración con la ayuda de los medios del absolutismo. José II, por ejemplo, al subir al trono, ni siquiera se hizó coronar, para no quedar atado de manos por un juramento prestado a la constitución de los estamentos húngaros. No convocó la asamblea nacional y gobernó el país por medio de decretos.

 

            El período que comenzó desde los años 1790 fue la época del despertar nacional en Hungría. Esto coincidió con los cambios ocurridos en la vida económica. Aunque la agricultura seguía jugando un rol decisivo, comenzó a desarrollarse la producción industrial y, aunque con dificultades, pero también se dejaban entrever los primeros indicios del desarrollo capitalista. En comparación con la época anterior, en la primera mitad del siglo XIX se registró un avance muy marcado. Testimonio de ello es que se fundaron las primeras fábricas y se empezaron a utilizar en una esfera cada vez más amplia las máquinas de vapor. Se inició la navegación a vapor, en 1846 se construyó la primera línea de ferrocarril y se crearon los primeros bancos.

 

            Los procesos transcurridos en la vida económica se vieron acompañados de nuevas tendencias ideológicas. Entre ellas fue decisivo el liberalismo nacional, que -a semejanza de los ideales de la ilustración- por lo general fue bien acogido en los castillos condales y en los palacetes de la peque¤a nobleza. El principal representante del liberalismo de la nobleza fue el conde István Széchenyi (1791-1860), quien siguió con mucha atención las experiencias de Inglaterra. Estaba convencido de que no era la dependencia de Viena el mayor mal en Hungría, más bien la causa del retraso residía en el sistema feudal anquilosado.

 

            Széchenyi fue autor de numerosas grandes obras teóricas, pero al mismo tiempo también dio pasos prácticos en aras de la modernización del país. Uno de sus actos de mayor trascendencia fue cuando en 1825, por inciativa de él, se fundó la Academia de Ciencias de Hungría. Mandó construir el Puente de las Cadenas (1849), el primer puente permanente de piedra sobre el Danubio, que unió Pest y Buda. El constructor del puente fue el ingeniero inglés Adam Clark. Széchenyi, además hizo mucho por la regulación de los ríos, por el desarrollo de la navegación a vapor y del transporte ferroviario. Se mereció con toda razón el epíteto de "el mayor de los húngaros" que le pusiera Lajos Kossuth (1802-1890), su adversario ideológico, líder de la revolución y guerra de independencia de 1848-1849.

 

            La corte vienesa se alarmó por la rápida propagación de los ideales de la reforma. Optó por el uso de la violencia abierta, inició procesos políticos contra personalidades dirigentes de la asamblea nacional, varias de las cuales fueron arrestadas. En aquel entonces comenzó a jugar en Hungría un importante rol político la prensa y la publicidad. El vocero de la oposición reformista era el diario Pesti Hírlap, por medio del cual amplios sectores de la población pudieron conocer las radicales ideas reformistas de Kossuth.

 

            Entre éstas figuraban la distribución de la carga pública, o sea, la abolición de la exención fiscal de la nobleza y la creación de la representación popular: la autorización de derechos políticos para los siervos. Kossuth quería una Hungría independiente y consideró que uno de los medios para lograrlo era la creación de un territorio aduanero autónomo. Pensaba que el principal apoyo a su programa vendría de la nobleza media, pero también confiaba en la ayuda de la burguesía urbana y de la intelectualidad, mientras que esperaba poco de la aristocracia latifundista.

 

            El viraje fundamental se produjo por influencia de las revoluciones europeas de 1848. Las noticias de las revoluciones de Palermo y París tuvieron efecto fermentativo, y en marzo de 1848, en la asamblea nacional de Pozsony (Bratislava), la oposición exigió cada vez más decidida que Viena aceptara sus propuestas de reforma. A raíz de la revolución de Viena, el 15 de marzo de 1848 estalló en Pest la revolución burguesa, cuyos líderes fueron jóvenes intelectuales, escritores y poetas, entre ellos Sándor Petõfi (1823-1849), uno de los mayores poetas húngaros.

 

            La revolución de Pest-Buda expresó, simultáneamente con los acontecimientos que se precipitaban en muchos países del continente, reivindicaciones semejantes a las de aquéllos. Los revolucionarios de Palermo, Nápoles, París, Viena, Milán, Berlín, Venecia, Cracovia y Praga exigían las mismas libertades que sus compañeros de Hungría.

 

            La multitud entusiasmada abolió la censura e imprimió los 12 puntos, considerados como la esencia del programa reformista liberal, que cambiaron en lo fundamental la relación entre Hungría y la corte imperial. Como resultado de las negociaciones, se eliminó la secular exención impositiva de la nobleza, se liberó la servidumbre y se hizo realidad la igualdad de los ciudadanos ante la ley. También entraron en vigor numerosas libertades civiles.

 

            Uno de los mayores logros fue la creación del primer gobierno responsable para la gestión de los asuntos de Hungría y Transilvania, con sede en Pest-Buda y encabezado por el conde Lajos Batthyány (1807-1849). La competencia del monarca vienés se redujo al mínimo.

 

            En el otoño, tras la expiración de la revolución austríaca, la casa de Habsburgo pudo cobrar aliento y llevó a cabo un ataque armado contra Hungría. El país se vio obligado a defender con las armas sus derechos conquistados en la incruenta revolución. La guerra de independencia se desarrollaba con suerte variable, el gobierno se trasladó a Debrecen, y en esa ciudad se proclamó el 14 de abril de 1849 el destronamiento de la casa de Habsburgo.

 

            En las tropas de la guerra de independencia tanto el cuerpo de oficiales como los soldados pertenecían a varias nacionalidades, a pesar de ello no llegó ayuda importante del exterior. Sin embargo, el emperador Francisco José I (1830-1916) contaba con el apoyo de una tropa de intervención rusa de casi doscientos mil efectivos, y de esta manera sus fuerzas armadas unificadas lograron vencer a los húngaros en la última gran batalla del 13 de agosto de 1849. Después de la derrota se inició una terrible represión. Centenares de personas fueron ejecutadas, entre ellos el primer ministro Lajos Batthyány y trece generales. Miles de personas se vieron obligadas a emigrar, Lajos Kossuth también pasó en el extranjero el resto de su vida.

 

            Entre 1849 y 1865, la corte Habsburga excluyó totalmente a las autoridades húngaras de la gobernación y se esforzó por la creación del imperio austríaco unificado. Sin embargo, esta política no logró establecer una amplia base social. Una parte determinante de la nobleza propietaria, depositaria de la vida política húngara, optó por la resistencia pasiva.

 

            En los años 1860, la rivalidad con Prusia y la formación de la unidad alemana instó a la corte de Viena a ser más permisiva. La clase propietaria húngara también tendía cada vez más a concluir un compromiso. La resistencia se ablandó y el incremento de las dificultades económicas aproximó a Viena a los grandes terratenientes adeudados. El mediano terrateniente Ferenc Deák (1803-1876), el "sabio de la patria", fue el promotor del compromiso histórico concluído con el emperador. En 1867 el conde Gyula Andrássy (1823-1890) fue nombrado primer ministro, y Francisco José I, una vez votada la ley sobre el compromiso, fue coronado rey en Buda.

 

            El compromiso reorganizó el imperio sobre una base dualista. La Monarquía Austro-Húngara consistía de dos Estados independientes, unidos por la persona del monarca común y los asuntos comunes: relaciones exteriores, asuntos de guerra y finanzas. El compromiso fue contraído por las dos naciones más fuertes del imperio de múltiples nacionalidades, sin incorporar a los representantes de las demás naciones.

 

            El compromiso permitió el desarrollo de la economía capitalista en Hungría, el país inició un progreso vertiginoso. Se iniciaron construcciones gigantescas, surgieron inventos húngaros y también floreció la cultura. La idea de la independencia nacional seguía obrando en los húngaros, y para el desarrollo de la misma  sirvió de excelente ocasión la celebración del mil aniversario de la Conquista de la Patria, el Milenio. Para 1896, Budapest se había desarrollado hasta convertirse en una metrópoli millonaria y llegó a ser una de las ciudades más dinámicas de Europa, que disponía de una infraestructura  moderna.

 

            La primera guerra mundial puso fin a este período de auge. Se agudizaron los problemas de las nacionalidades y las potencias de la entente aprovecharon las diferencias que creaban tensión dentro del imperio. Tras la derrota militar alemán-austro-húngara, al poco tiempo se produjo el desmoronamiento del imperio, y de esta manera también Hungría fue despojada de grandes territorios. Transilvania fue entregada a Rumanía, la parte sur del país la reivindicó el Estado sureslavo en formación, mientras que la región monta¤osa del norte la reclamó para sí el Estado checoslovaco.

 

            En octubre de 1918 estalló en Hungría la revolución burguesa democrática, se proclamó la república, cuyo presidente fue el conde Mihály Károlyi (1875-1955). Sin embargo, no recibió de la entente el apoyo esperado. En el país desmoralizado, de economía descompuesta, los agitadores que regresaron de los campos de prisioneros rusos, empapados de los ideales bolcheviques, en marzo de 1919 tomaron el poder y crearon la República Húngara de los Consejos. Se mantuvieron en el poder durante tres meses, encabezados por Béla Kun (1886-1938). Tras el terror revolucionario comunista, Miklós Horthy (1868-1957) se puso al frente del país. La intervención checa y rumana creó condiciones favorables para él.

 

            Horthy fue elegido gobernador. Los representantes de su gobierno en 1920 se vieron obligados a firmar el tratado de paz de Trianon (Versalles). La paz impuesta provocó la desintegración de la Hungría histórica, el país perdió
aproximadamente dos terceras partes de sus territorios, y muchos millones de húngaros quedaron de esta forma en el territorio de los países vecinos.

 

            Durante el régimen de Horthy el parlamentarismo prevaleció solamente en forma limitada, convirtiéndose en ideología principal el deseo de recuperar los territorios perdidos. La crisis mundial económica de 1929 causó problemas extraordinariamente graves. El sistema de posición conservadora hizo poco por modernizar la estructura social atrasada. No obstante, algunos políticos destacados -antes que nada Pál Teleki (1879-1941) e István Bethlen (1874-1946)- hicieron una gran labor por la consolidación del país. La idea de la revisión territorial y los problemas de la economía colocaron al país en un rumbo forzoso y Budapest estrechó cada vez más sus relaciones con Berlín y Roma.

 

            A consecuencia de esta política, en la segunda guerra mundial Hungría luchó como aliado de Alemania contra la Unión Soviética. El ejército húngaro, precariamente preparado para la guerra, sufrió pérdidas enormes. Se sumó a esto la devastación causada por las tropas alemanas que se retiraban a través de Hungría y las hostilidades del Ejército Rojo que las perseguía.

 

            Los intentos de Horthy de quedar fuera de la guerra fueron débiles y poco decididos. Su renitencia brindó la posibilidad a Alemania para invadir militarmente a Hungría el 19 de marzo de 1944. Después de ello se procedió a la transportación masiva de los habitantes judíos de Hungría a los campos de exterminio en Alemania. El avance del Ejército Rojo puso fin al terror de los nacionalsocialistas húngaros.

 

            En la primavera de 1945, el régimen de Horthy se desplomó por completo. El pacto acordado en la conferencia de Yalta decidió que Hungría pertenecería a la esfera de interés soviética. En los tres años posteriores a la guerra, en lo fundamental, podemos hablar de condiciones democráticas. Al mismo tiempo, podía percibirse cada vez más claramente la aspiración a la hegemonía por parte del partido comunista que aprovechaba la presencia y la protección de las tropas invasoras soviéticas.

 

            En la reconstrucción de posguerra se alcanzaron importantes resultados, y con la reforma agraria y el reparto de tierras se hizo realidad el sueño secular del campesinado húngaro. No obstante, las nacionalizaciones iniciadas ya encerraban los elementos de la economía de tipo stalinista. A partir de 1948, el partido comunista encabezado por Mátyás Rákosi (1892-1971) prácticamente se tomó el poder de manera autocrática. En 1949 fue aceptada la constitución redactada según el modelo soviético. En los años posteriores ni siquiera hubo la posibilidad de hacer reformas. Se puso en marcha una estricta dictadura. Los campesinos fueron obligados a incorporarse a las cooperativas, se llevó a cabo una industrialización forzosa y se iniciaron procesos políticos preconcebidos.

 

            Pudo sentirse cierta distensión después de la muerte de Josip Stalin (1878-1953), en el breve período cuando Imre Nagy (1896-1958) se desempeñó como primer ministro. Sin embargo, luego Rákosi volvió a cobrar fuerza y desplazó a Imre Nagy del poder. En febrero de 1956 el XXº congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética también generó cambios en Hungría. Se dejó entrever la posibilidad de la democratización.

 

            El 23 de octubre de 1956 comenzaron a celebrarse manifestaciones en Budapest, brotó con fuerza elemental la exigencia de eliminar el sistema totalitario. En los días revolucionarios Imre Nagy estuvo a la cabeza del gobierno. Revivió el sistema pluripartidista y se proclamó la salida de Hungría del Pacto de Varsovia.

 

            Moscú no presenció con las manos cruzadas el intento de escición de un pedazo del bloque soviético y, aprovechando la inercia del Occidente y la crisis del Medio Oriente, llevó a cabo una intervención y aplastó la lucha de independencia del pueblo húngaro. Cientos de miles de personas abandonaron el país, y en la represión posterior a la derrota fueron ejecutados cientos de personas, entre ellos  Imre Nagy.

 

            Los soviéticos encargaron a János Kádár (1912-1989) la dirección del país. Al cabo de algunos años dictatoriales inmediatamente posteriores a 1956, se produjo la distensión en la política interior, y el crecimiento económico causó cierta sensación de satisfacción. A comienzos de los años 1960 pusieron en libertad con amnistía a los participantes de la revolución de 1956, aunque los mantuvieron bajo vigilancia hasta el cambio del sistema político. El Partido Obrero Socialista Húngaro, dirigido por Kádár, poco a poco se decidió a realizar reformas, lo cual distinguió su política de la de los demás partidos comunistas del entorno. La Hungría de Kádár representaba un color especial dentro del bloque soviético. Los países occidentales desarrollados tomaron esto en consideración, demostrándolo con actos positivos: dirigentes occidentales visitaron frecuentemente Hungría y también recibieron en sus países a los dirigentes húngaros. Las reformas económicas de la "dictadura blanda" de Kádár, su política cultural relativamente liberal y la posibilidad de que los ciudadanos pudieran viajar, hicieron aceptable el régimen en el extranjero.

 

            Entre las condiciones externas del cambio de sistema político la más importante fue que Mijail Gorbachov (1931-) haya subido al poder. Con ello se abrió camino la tendencia de comunistas reformistas dentro del POSH. En mayo de 1988 destituyeron a Kádár. Aprovechando la efervescencia en la sociedad y la incertidumbre del régimen comunista, fueron formándose uno tras otro los partidos de oposición. Una parte de ellos era la reanimación de los partidos históricos tradicionales, los demás nacieron como nuevas agrupaciones de oposición. En 1988 y 1989 se realizaron en Hungría numerosas manifestaciones masivas.

 

            La élite política del Estado-partido se vio obligada a mantener conversaciones con las nuevas fuerzas políticas. Se concluyó el compromiso y la asamblea nacional creó las leyes que sirvieron de base al cambio pacífico del sistema político.

 

            El 23 de octubre de 1989 fue proclamada la República de Hungría y en mayo de 1990 se celebraron elecciones parlamentarias pluripartidistas. En las primeras elecciones libres seis partidos lograron entrar en el  Parlamento.

 

            József Antall (1932-1993), presidente del Foro Democrático Húngaro formó gobierno y Árpád Göncz (1922-), miembro de la Alianza de Demócratas Libres, fue elegido jefe de Estado del país. Después de 1990, en Hungría se produjeron cambios fundamentales. Se promulgaron leyes democráticas, se inició una vigorosa privatización, cambiaron las relaciones de la propiedad, recibieron indemnización moral y material las víctimas del sistema anterior.

 

            En cuanto a la política exterior, se reemplazó el compromiso para con el Pacto de Varsovia y el CAME -ambos desaparecidos-, por las aspiraciones de adhesión a las organizaciones euroatlánticas. El gobierno representó decididamente los intereses de los húngaros que habitan en los países vecinos, arriesgando incluso la confrontación o el deterioro de las relaciones con algunos de los países vecinos. Hungría se convirtió en miembro del Parlamento Europeo y del Consejo de Europa. Se hizo continuo nuestro diálogo con la Unión Europea y la OTAN.

 

            En las elecciones de 1994, el Partido Socialista Húngaro obtuvo la mayoría y formó coalición con la Alianza de Demócratas Libres. Gyula Horn (1932-) se convirtió en el jefe del gobierno. El gabinete Horn aceptó las prioridades de política exterior del gobierno anterior, pero hizo mayor hincapie en el mejoramiento de las relaciones con los países vecinos. También ha cambiado el estilo de la política exterior del país. Como resultado de ello, fueron concluídos los tratados básicos con Eslovaquia y Rumanía. Estos han mejorado sustancialmente las probabilidades de la adhesión euroatlántica de Hungría.

 

            Hungría fue admitida en la OCDE durante el mandato del gobierno Horn y en julio de 1997, en la cumbre de la OTAN celebrada en Madrid, Budapest recibió invitación para iniciar las negociaciones de adhesión. Una vez culminadas éstas, el plebiscito organizado el 16 de noviembre de 1997 demostró de manera convincente que la población de Hungría aprueba y apoya que el país sea miembro de la OTAN. Se espera que a comienzos de 1998 Hungría también comience conversaciones acerca de su admisión en la Unión Europea.

 

            Hasta ahora hemos hablado de la historia húngara. Como se podrá notar, en el milenio transcurrido Hungría ha estado unida por fuertes lazos a sus vecinos y a los países más lejanos del continente. La cultura húngara continuamente ha estado y está presente en Europa, en numerosos terrenos ha contribuído y sigue contribuyendo al enriquecimiento del patrimonio de la civilización europea y universal. La universidad medieval de Pécs o la corte renacentista del rey Matías ya gozaban de fama europea siglos atrás.

 

            Puede parecer injusto destacar algunos nombres de los hacedores de la cultura y las ciencias húngaras, porque son innumerables las personas que han realizado algo duradero para el bien de toda la Humanidad. He aquí algunos nombres de destacadas figuras de nuestra nación: Sándor Kõrösi Csoma (1784-1843), orientalista, quien sirvió de enlace entre el corazón y el espíritu de Oriente y Occidente. Ányos Jedlik (1800-1895) fue el inventor del dínamo. Debemos a János Irinyi (1817-1895) las cerillas silenciosas. Tivadar Puskás (1844-1893) construyó la primera central telefónica. El transformador fue obra conjunta de Károly Zipernowsky (1853-1942), Miksa Déri (1854-1938) y Ottó Bláthy (1860-1939). Lumbrera de las ciencias húngaras fue el matemático y filósofo János Bolyai (1802-1860), quien revolucionó la geometría.

 

            Hasta nuestros días, 12 científicos de procedencia húngara han recibido premios Nobel: 1905 - Fülöp Lénárd (1862-1947), 1915 - Róbert Bárány (1876-1936), 1925 - Richárd Zsigmondy (1865-1929), 1937 - Albert Szent-Györgyi (1893-1986), 1943 - György Hevesy (1885-1966), 1961 - György Békésy (1899-1972), 1963 - Jenõ Wigner (1902-1955), 1971 - Dénes Gábor (1900-1979), 1986 - John C. Polanyi (1929-),  1986 - Elie Wiesel (1928-), 1994 - György Oláh (1927-) y 1994 - János Harsányi (1920-). Con justa razón podríamos agregar a esta lista los nombres de: János Neumann (1903-1957), Zoltán Bay (1900-1992), Tódor Kármán (1881-1963), Leó Szilárd (1898-1964) y Ede Teller (1908-).

 

            Y todavía no hemos mencionado a Ferenc Liszt (1811-1886), Béla Bartók (1881-1945) y Zoltán Kodály (1882-1967), o a Mihály Munkácsy (1844-1900) y Tivadar Csontváry-Kosztka (1853-1919). Un juguete extremamente popular en el mundo entero, el "cubo mágico", que sirve para desarrollar el pensamiento lógico y la visión tridimensional del espacio, también es un producto intelectual húngaro, invento de Ernõ Rubik (1944-).

 

            También constituyen valores húngaros sui géneris el vino de Tokaj y la porcelana de Herend. Podemos enumerar en esta misma categoría nuestras riquezas naturales sin igual, como son los parques nacionales o el mayor lago de aguas calientes y curativas de Europa, en Hévíz. La UNESCO declaró parte del patrimonio universal el panorama del Castillo de Buda con la ribera del Danubio, la pintoresca población de Hollókõ, la gruta de estalactitas de Aggtelek y la milenaria abadía de Pannonhalma. Las piezas del arte folklórico húngaro de colores y formas de espléndida riqueza no son solamente productos de nuestro pasado: aún en la actualidad viven entre nosotros los artistas que las elaboran.

 

            Con esta munición intelectual y material se prepara Hungría para los festejos de los mil años de existencia de su Estado. Figura entre los planes la restauración del patrimonio arquitectónico. Forman parte del mismo los monumentos conmemorativos de los reyes húngaros en Esztergom, Székesfehérvár, Visegrád, Veszprém y Pécs. Se renovará la plaza Szent-György en el distrito del Castillo de Buda, se reconstruirán varias iglesias aldeanas de la era de los Árpád, se retocará el Monumento Milenario y la Basílica de San Esteban. También rejuvenecerán el Museo Etnográfico al Aire Libre de Szentendre, el Museo Nacional de Hungría y el Museo de Bellas Artes.

            Habrá conmemoraciones de los principales aniversarios históricos y de la historia cultural, sobre todo del 150 aniversario de la revolución y guerra de independencia de 1848-1849. En el año 2000 se celebrarán grandiosos eventos relacionados con el milenio del Estado húngaro.

            Se construirá el nuevo Teatro Nacional, se creará la Casa de la Literatura Húngara, el Centro Multimedia y Biblioteca Nacional Digital János Neumann, el Museo de Arte Contemporáneo y la Casa de los Fotógrafos Húngaros. También será importante que Hungría tendrá posibilidad de presentarse en varias grandes ciudades europeas (Salónica, Estocolmo, Weimar, Lisboa, Hannover, Roma, Ciudad del Vaticano, Saarbrücken, Estambul, etc.). Por ejemplo, en 1999 Hungría será el huésped de honor de la Feria Internacional del Libro de Francfort.

 

            El año 2000, el segundo cambio de milenio cobra así una importancia especial en Hungría: el Milenio Magyar, el aniversario de este Estado europeo, del Estado húngaro creado hace mil años coincide con el 2000 aniversario del nacimiento de Jesucristo y del cristianismo. Esta unidad queda claramente representada por el logotipo MM que enlaza ambos acontecimientos destacados: alude a la presencia ya milenaria del Estado húngaro en Europa y presenta al mismo tiempo nuestra unión a los valores cristianos europeos.